Nos sobran fabricantes de cestos.

No es un insulto encubierto, sino una dura realidad: cada vez hay más gente superada por las nuevas tecnologías o anclada en sectores productivos incapaces de generar el valor añadido suficiente para crear empleo. De hecho, este es uno de los pilares siniestros sobre los que se asiente la crisis: la carencia de mano de obra cualificada en los sectores donde se podría general valor añadido y su exceso, con importación incluida, en los sectores de baja cualificación.

Cuando hace unos cuantos años se arruinó por completo el sector agrícola y ganadero todo el mundo hizo el chiste del paleto que lo único que sabía hacer era ordeñar vacas y destripar terrones. Ahora, los que se van al garete, marcando el paso y en columna de a dos son el sector industria, la banca y los servicios, y resulta que es una tragedia, porque ya no se trata de tipos con azada y boina, sino de tipos con maletín y corbata.

Estamos, por tanto, ante una crisis de valor añadido. Una crisis en la que el problema consiste en que la gente no puede dedicar su fuerza de trabajo a actividades que generen riqueza. Con las nuevas tecnologías y la irrupción en los mercados de los países emergentes, resulta que somos unos pocos más para consumir, pero muchos, muchísimos más para producir, justo en el momento en que cada vez se necesita menos gente para producir lo mismo.

El ritmo al que ha avanzado la tecnología ha impedido que un número enorme de trabajadores se adapten a los cambios. Todos conocemos el caso del conserje que no sabe manejar la fotocopiadoras, y todos sabemos que ese problema es ya una broma comparado con el impacto que supone y tener gente en la administración que no sabe manejar un ordenador. El funcionario que sacó las oposiciones en 1980 no oyó hablar en su vida de informática y ha sido un cuello de botella durante décadas para mejorar la eficiencia de la administración.

Sin embargo, en el sector privado, la cosa está clara: si no sabes manejar un ordenador, y bien, y no sabes manejar una serie de programas, y bien, mejor ni te molestes en echar el currículum. Se trata sólo de un ejemplo, porque son innumerables los sectores en lso que el problema se está convirtiendo en tragedia.

Tenemos una sociedad con miles de fabricantes de cestos, miles  de vendedores de máquinas de hielo y miles de mecánicos especializados en reparar carburadores. Si no aparece pronto algún sector productivo que absorba esta mano de obra sobrante, mano de obra obsoleta y no cualificada para lo que ahora se necesita, nos encontraremos con unas tasas de paro crónico insoportables, las pensiones en el alero y una tensión social muy importante.

Porque la nueva lucha de clases no será entre los pobres y los ricos, sino entre los que saben hacer algo que aún tiene valor económico y los que no saben hacer nada que valga un duro, como los labradores y los pastores de otros tiempos.