No sé qué tiene esta pregunta, que cada vez que se plantea, aparece un montón de gente respondiendo a cualquier otra cosa. Y el caso es que preguntar si la inmigración es buena o mala es como preguntar cual es la temperatura ideal en un salón comedor. Pues depende, por supuesto. Depende de si en casa hay niños, ancianos, o personas enfermas. Depende de la clase de actividad que desarrolles, de la temperatura que haya en la calle y de muchas cosas más. Pues con la inmigración pasa igual, pero siempre viene uno a responderte con un párrafo del catecismo.

La inmigración puede ser buena o mala dependiendo de quién sea el que se lo pregunte, y qué condiciones laborales, demográficas y económicas haya en el país que la recibe. Intento analizarlo un poco:

-Si eres un empresario, como yo, la inmigración SIEMPRE es buena. Si no eres un cabrón que paga estrictamente el salario mínimo, estás pagando por encima de lo que la ley te impone, así que la llegada de gente nueva puede hacer que contratesfuerza laboral pagando menos. Y aunque fueras uno de esos miserables que pagan el mínimo, podrías elegir entre más gente distinta pagando lo mismo, y encontrar uno que te convenga más. Además, el empresario generalmente vende cosas, ya sean vienes o servicios, y el hecho de que haya más población, venga de dónde venga, aumenta el número de clientes potenciales. O sea que para el empresario TODA la inmigración es BUENA. ¡Y cuanta más, mejor!

-Si eres un trabajador, la inmigración supone una mayor competencia por el mismo puesto de trabajo, cobres lo que cobres. Si cobras más del mínimo, porque te pueden bajar el salario. Y si eres uno de los pobres desgraciados que ya cobra el mínimo, porque pueden hacerlo mejor que tú por el mismo dinero. Para el trabajador la inmigración es mala, aunque venga el cura diciendo que todos sos hermanos o el sindicalista diciendo que hay que tener conciencia de clase. Los dos pueden tener razón, y no lo discuto, pero rechazo pro igual ambas variantes del catecismos cuando me pongo a razonar objetivamente y luego, sólo después, introduzco la ética. Y no porque la ética sea secundaria, sino porque es fundamental mantenerla fuera del coco mientras se piensa, para llegar primero a una conclusión lógica y luego, éticamente, decidir lo que hacemos con ella. Lo gracios0o del caso es que yo soy empresario, así que le doy siempre la razón a los curas y a los sindicalistas y todos contentos.

En cuanto a las condiciones del entorno, la cosa se complica:

-Si el país tiene una población envejecida, la inmigración es MUY BUENA, porque en un sistema social como el nuestro, basado en el relevo y no en la capitalización, ayuda a cuadrar las cuentas de las cotizaciones con las pensiones, sin necesidad de subir las cargas sociales a las empresas y a los trabajadores.

-Si el país está lleno de gente joven, la inmigración es MUY MALA. Y hay casos, por ejemplo Ghana, que recibe muchos inmigrantes del resto de África y trata de luchar contra el fenómeno porque su población es muy joven y le perjudica mucho. 

-Si las condiciones económicas son favorables, la inmigración es BUENA para el que la recibe y MUY MALA para el país del que sale el inmigrante. Cuando las condiciones económicas son desfavorables, la inmigración puede ser buena para ambos o mala para ambos, aunque ahí ya entran muchas, muchísimas variables en las que no me voy a meter para no escribir un Quijote en vez de un blog. 

Por tanto, aver si somos todos un poco objetivos y tratamos de razonar las cosas. Y sobre todo, para ponernos en nuestro sitio cada cual, a ver si tratamos de responder a estas dos preguntas:

-1- Para los que creen que la inmigración es siempre mala, ¿cómo pagarían ellos las pensiones cuando el 40 % de la población estuviese jubilada? Respuestas objetivas, por favor.

-2- Para los que creen que la inmigración es siempre buena, ¿cual es la cifra máxima de inmigrantes que debería admitir España? Una cifra, nada de frases bonitas, por favor.

Y así, nos aclaramos.