A todos nos pone...

A todos nos pone...

Como ya se mencioñó, se propone que lo exótico llega a ser erótico debido a que los sentimientos de disimilitud y no familiaridad en la infancia producen alta activación autonómica no específica (D à E), la cual se transforma subsecuentemente en atracción erótico-romántica (E à F). Respecto al primer paso de esta se­cuencia no hay aún evidencias específicas, más allá de la observa­ción cotidiana de que lo nuevo y no familiar produce mayor activación. En cambio, existen algunos mecanismos que pueden potencialmente dar cuenta del segundo paso, la transformación de la activación generalizada en atracción erótico-romántica.

En primer lugar, está el llamado efecto de la activación extrínse­ca. De acuerdo a la teoría bifactorial de la emoción, cuando nos sentimos activados o excitados fisiológicamente buscamos la cau­sa de esos sentimientos en el ambiente que nos rodea y luego ten­demos a atribuir nuestra activación a algún estímulo o situación que esté presente. Así, si nos sentimos activados en presencia de una persona atractiva, podemos rotular tal activación como atrac­ción o amor, independientemente de la causa real de la activa­ción. Por lo tanto, la experiencia de atracción erótico-romántica resulta de la combinación de activación fisiológica y de la atribu­ción (o mala atribución) cognitiva de que la activación ha sido provocada por una determinada persona.

Como ilustración de esto, White y otros (1981) encontraron que los hombres que habían sido activados fisiológicamente por distintos medios se mostraban luego más eróticamente responsivos hacia una mujer muy atractiva y menos eróticamente responsivos hacia una mujer poco atractiva, que aquellos sujetos control que no habían sido activados. Allen y otros (1989) informaron de dos estudios con hombres donde se observó que la activación, provo­cada ya sea por el anuncio de shocks eléctricos o por un intenso ejercicio físico, aumentaba la atracción sexual hacia una mujer atractiva, aun cuando se hiciera que los sujetos prestaran atención a la fuente de la activación. Y también se ha informado que tanto los hombres como las mujeres que primero eran expuestos a esce­nas inductoras de ansiedad y luego a escenas eróticas heterosexuales, mostraban mayor excitación sexual fisiológica ante las escenas eró­ticas, en conip,iración con aquellos que primero eran expuestos a escenas no inductoras de ansiedad (Hoon y otros, 1977; Wolchick et al., 1980).

Por tanto, la activación autonómica, independientemente de su fuente o tono afectivo, es experimentada cognitiva, emocional y fisiológicamente como atracción erótico-romántica. Sin embar­go, el punto crucial y más complejo es si este efecto puede dar cuenta del vínculo temporal entre activación autonómica en la infancia y atracción erótico-romántica más tarde en la vida. En favor de la teoría EBE se plantea que mientras en los experimen­tos mencionados la activación era provocada delibéradamente por una fuente extrínseca al objetivo intentado, en lo propuesto por la teoría para la vida real la activación autonómica sería provocada genuinamente por el tipo de personas hacia las cuales más tarde se desarrolla la atracción erótico-romántica.

Un segundo mecanismo, más complejo que el anterior, que puede contribuir a dar cuenta tanto del curso temporal evolutivo de la atracción erótico-romántica como de la conversión de afecto negativo a positivo, es el llamado proceso oponente (Solomon, 1980). Esta teoría propone que cuando ocurre un afecto intenso, el siste­ma nervioso responde iniciando un proceso de valencia afectiva opuesta que reduce la intensidad del afecto original. Así, un in­tenso afecto negativo es contrarrestado por afecto positivo gene­rado internamente, y el afecto que experimenta finalmente el individuo sería la diferencia entre los dos afectos oponentes y sus cambios en el tiempo.

Además, se propone que si el proceso oponente es evocado repetidamente, su efecto será más intenso con el tiempo y llegará a condicionarse a la situación externa, de modo que continuará siendo evocado aunque el afecto negativo inicial ya no ocurra más. Como ejemplo de esto se puede mencionar el sentimiento de eu­foria que llega a experimentar un paracaidista después de muchos saltos, aun cuando seguramente la experiencia del primer salto no estuvo acompañada del mismo sentimiento. Otros ejemplos po­drían encontrarse en la práctica prolongada del sauna y tal vez en el caso de individuos que llegan a experimentar placer sexual de tipo masoquista derivado de estimulación inicialmente dolorosa.

En el caso de un niño sin conformidad de género que es hostilizado por los otros niños, aun cuando al principio ello produce intensa activación negativa, al seguirse repitiendo la experiencia a través del tiempo puede llegar a producirse habituación de las emociones de temor y rabia y el proceso oponente puede llegar a ser el afecto condicionado dominante. De esa manera, él puede encontrarse al final de la niñez o en la adolescencia experi­mentando activación afectiva positiva en presencia de los hom­bres, una activación susceptible de ser erotizada.