La revolución que no nos pillará

Publicado por admin el Friday, July 30th, 2010 a las 09:19

No sé si por reflejo de la reañlidad o por el voluntarismo d eunos cuantos, pero cada vez se habla más del riesgo de revueltas sociales, y es normal, porque cuando la gente no tiene para comer y los ahorros y las prestaciones se acaban, se echa mano de lo que sea, sin mirarle mucho la dentadura y aún menos la escritura de propiedad.

Si el paro real sigue creciendo (por un descenso también de la economía sumergida), o si no se consigue paliar de algún modo la alarmante situación de los parados de larga duración y otras familias sin ingresos, el aumento de la inseguridad y las revueltas serán fenómenos inevitables. La pregunta que hay que hacerse, para estar al tanto, es dónde empezarán. Cuándo, está claro: la tradición manda que sea en otoño. Lenin, en mayo no hubiera sido Lenin. Octubre es imprescindible. Aunque no se me confunda nadie y piense que señalo a este octubre.

Pero puestos a seguir con la descripción de los sociólogos, dicen que las condiciones para que se arme la marimorena en las calles son cuatro:

-Debe ser un a zona urbana y muy poblada, porque las densidades elevadas de población son un factor aglutinante para alcanzar la masa crítica de una verdadera revuelta.

-Debe ser una zona de alto desarrollo, especialmente industrial, porque la concentración de desempleo industrial genera grandes bolsas de descontento, y muy organizadas. La atomización de los trabajadores en el sector servicios, por ejemplo, desactiva en cierto modo la probabilidad de explosiones sociales. Esto reduce un poco los lugares posibles.

-La presencia de grandes masas de inmigrantes acelera el proceso, ya que suelen ser grupos de gente con mayor grado de exclusión social, peores condiciones de vida y en general menos apego a lo que se encuentran al llegar. Además, muchos de ellos proceden de sociedades donde más común que aquí el recurso a la violencia y están más inclinados piscológica y sociológicamente a ella, aunque a diario sean gente pacífica.

-Debe ser una zona con clima suave.

Este punto parecerá extraño a algunos, pero es necesario: el frío de las ciudades más interiores desactiva a menudo estos movimientos. Cuando en una ciudad se alcanzan con frecuencia temperaturas bajo cero, los pobres, los sin techo y las capas más desfavorecidas de la sociedad, emigran a mejores climas donde la simple subsistencia sea más fácil. Estos grupos son a menudo los que ejercen de detonante de las revueltas sociales y se concentran, como es obvio, en ciudades donde es posible vivir sin congelarse una noche cualquiera. León y Castellón son ciudades de tamaño parecido, pero hay casi once veces más mendigos en Castellón que en León, por ejemplo.

Con estas premisas, parece que en León estamos libres de cualquier riesgo. Somos cuatro gatos, no hay una puñetera fábrica desde tiempos del rey Witiza, hay cuatro inmigrantes despistados y hace un frío que pela.

A veces da gusto no ser nadie, ¿eh?

Levantinos de todas las lenguas y naciones, vayan preparándose….

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Absentismo por enfermedad y lucha obrera

Publicado por admin el Thursday, July 29th, 2010 a las 09:43

Sindicato tratando de proteger a un trabajador fijo...Las grandes cabezas pensantes el mundo de los negocios y las finanzas han encontrado al fin el modo de competir con China: convertirnos a todos en chinos, con sus mismos derechos, su misma jornada y su misma democracia real. En lugar de plantar cara al problema de la falta de competitividad desde el Estado de Derecho, diciendo que no se puede jugar a nada con quien no respeta las reglas del juego, hemos decididio que al ladrón se le gana robando, al asesino matando y al violador sodomizándolo en una esquina.

Sin embargo, no podemos perder de vista que esto sólo es posible proque en cierto modo estamos maduros para el yugo. Con los sindicatos convertidos en brazo tonto de los partidos políticos y la clase trabajadora preocupada de defender exclusivamente los privilegios de los mejor colocados, sólo tenemos pequeñas mafias donde hay capacidad de presión y grandes desalientos donde no la hay, sin que el concepto de solidaridad de clase salga a relucir por ninguna parte.

El mejor ejemplo, creo yo, de esta desintegración del espíritu de lucha es el mecanismo que buena parte de los trabajadores utilizan para protestar contra sus condiciones de trabajo: los trabajadores, en vez de hacer huelgas, o movilizaciones, o utilizar otras formas de presión, piden la baja médica, que sirve para no ir a trabajar y seguir cobrando, y también, hay que decirlo, para dar idea al patrono de que no son capaces de más.

Lo triste, amigos, es que en otros tiempos, ante el abuso, el trabajador se levantaba y hoy se acuesta.

La diferencia es notable. Me temo.

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Un cura a favor del celibato de los curas. Sus razones

Publicado por admin el Tuesday, July 27th, 2010 a las 21:31

Estos días estoy tratando de poner cosas de humor porque creo que ya está bien de tomarse el mundo a la tremenda, pero no sé si esta entrada será humor propiamente dicho o tendrá un regusto de sociología amarga.

El caso es que estamos en verano y parece que los calores son época propicia para ver a los viejos amigos.

Uno de mis más viejos amigos es cura. Estudiamos juntos, allá en el pleistoceno, y a él le llamó eso que llaman la vocación y que a mí a veces me parece un traumastismo craneal, pero no me meto. Hay otros que se han metido en cosas peores y no estamos para juzgar a nadie.

No voy a decir dónde ejerce de párroco, pero el caso es que tiene diecisiete pueblos a su cargo, no puede parar un momento, es más pobre que una rata y encima se lo toma con deportividad. Con el tiempo os conataré sus salvajes anécdotas rurales y monatañeras, pero no ahora. Si le sueltas aquello de que “vive como un cura” te encuentras que se vuelve el “Don Camilo” de Guareschi, y lo msimo te da de comulgar por lo civil, porque es un poco bruto. 

El otro día me pasé por su pueblo, por uno de sus peublos, y lo invité comer. Entre plato y plato salió el tema del celibato y le dije que sería buena cosa que los curas se pudieran casar. Y él, espantado, acojonado verdaderamente, me dijo:

-¿Te has vuelto loco? El día que nos dejen casarnos a los curas cuuelgo la sotana y me pongo a criar cabras. ¡No jodas!

-¿Y eso?-pregunté yo.

Mi amigo el cura se echó para atrás en la silla, anunciando un sermón largo. Os lo resumo.

El caso es que buena parte de los curas ejercen en el medio rural, y el caso es que la peor característica del medio rural es la falta de personal, o sea, el despoblamiento.

Si un cura de treinta y tantos años, casi cuarenta, ya las pasa putas para espantar a las viudas, las solteronas, y las que se quedaron en el pueblo cuidando de los padres, ¿qué sería si además fuera un partido “practicable” para el matrimonio? Según mi amigo, la presión ya es grande, pero si hubiera una posibilidad de que se pudiese casar, la presión sería insoportable.

Nunca lo había visto así, pero lo cierto es que la sociología es una cos amuy puta y un cura es alguien que tiene una profesión más limpia que el entorno y muchas veces, casi siempre, con más posibilidades de mejora, de traslado a una ciudad, o de algún tipo de ascenso que le resto de opciones disponibles para la escasa población femenina de los pueblos.

Es cierto y hay que reconocerlo.

Mundo rural.

Otro mundo, vaya.

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Escuela para niños superdotados

Publicado por admin el Tuesday, July 27th, 2010 a las 05:50

Quizás fuera conveniente reepasar algunos conceptos…

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¿En manos de quién estamos?

Publicado por admin el Tuesday, July 20th, 2010 a las 16:06

Mejor no comentarlo…

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